En este artículo te contamos cómo viajar por el sur de Francia en tren, tanto desde Barcelona (en alta velocidad con Renfe-SNCF) como entre distintas ciudades o pueblos franceses con la operadora ferroviaria nacional SNCF. La ruta Barcelona-Lyon apenas tarda 5 horas en llegar en tren y 4h 35min de Barcelona a Marsella, pero hay paradas intermedias espectaculares. ¿Nos acompañas en este viaje?  

Conexiones en tren AVE y TGV entre Barcelona y Francia 

Barcelona es un punto de partida fantástico para descubrir en tren el sur y el este del país galo. Un viaje evocador y romántico que lleva a ciudades encantadoras y que atraviesa paisajes idílicos.  

Barcelona – Narbona

La primera parte de la ruta te lleva a una ciudad preciosa: Narbona. Tomando el tren en la estación de Sants, en 2 horas habrás llegado a tu destino. Con sus 2.500 años de historia, Narbona es una ciudad que no se ve, se disfruta. Es así porque tiene un clima con 300 días de sol al año, porque su casco histórico es precioso y porque su entorno natural invita a perderse en él. 

Narbona conserva vestigios de cada época de su historia. De visita obligada es Horreum, una red de galerías subterráneas romanas. También hay que visitar la abadía cisterciense de Fontfroide o su catedral gótica, que con bóvedas de más de 40 metros es una de las más altas de Francia. 

¿Buscas algo diferente? Entonces da un paseo por el Canal de la Robina, declarado Patrimonio de la Humanidad. Y para comer, ve al mercado cubierto, podrás degustar productos típicos acompañados por deliciosos vinos locales.  

Parada intermedia antes de llegar a Narbona es Perpiñán, una ciudad medieval que fue capital continental del reino de Mallorca y que conserva monumentos maravillosos como la catedral, el Castillet o La Lonja del Mar. Si tienes tiempo, merece la pena conocerla. 

Narbona – Montpellier – Nimes  

Barcelona cuenta con varias conexiones diarias hacia estos destinos. De Narbona a Montpellier en tren apenas se tarda una hora, media hora más si el destino es Nimes. Dos paradas fantásticas. Montpellier es una ciudad de arquitectura espectacular. Destacan su catedral, su fastuoso Arco del Triunfo y el acueducto de San Clemente. Pero en Montpellier está, además, el Jardín Botánico más antiguo de Francia. Y para los amantes del arte, el Museo Fabré es visita obligada. 

De Nimes destaca su pasado romano y la huella que dejó. El anfiteatro es una auténtica maravilla, un recinto de más de 130 metros de largo y 100 de ancho que sigue acogiendo espectáculos de todo tipo. La otra gran joya romana es la Maison Carrée, un templo que se conserva íntegramente. Y para relajarse, nada como los idílicos Jardines de la Fontaine, con sus canales, sus fuentes y su escalinata. 

¿Cuándo visitar Nimes? Cualquier fecha es buena, pero si el viaje coincide con una de sus ferias, se puede disfrutar de su espíritu más alegre, con música en las calles, casetas donde degustar delicias locales y todo tipo de actividades. Se celebran en febrero, junio y septiembre. 

Nimes – Marsella

Desde Nimes, en un par de horas y cruzando los bellos paisajes de la Provenza, se llega en tren a Marsella. Aunque se puede hacer una parada en Arlés para conocer la ciudad en la que residieron pintores como Van Gogh o Cézanne.  

Ya en Marsella, su viejo puerto es uno de los rincones con más encanto y más vida de la ciudad, pasear por él es como hacer un viaje en el tiempo.  

En su orilla se descubren el bello edificio del ayuntamiento, la abadía de San Víctor o el faro de Santa María. Sin olvidar las vistas que desde aquí se 

tienen de Notre-Dame de la Garde, una preciosa basílica situada en lo alto de una colina y a la que, por supuesto, hay que subir para visitarla y contemplar hermosas panorámicas de la ciudad. 

Pero en Marsella también hay que pasear por el barrio de Le Panier, el más tradicional de la ciudad, con sus callejuelas que invitan a perderse en ellas y sus fachadas de colores. Y también hay visitar el Museo de las Civilizaciones de Europa que ofrece un interesante recorrido por la historia del Mediterráneo. 

Nimes –Lyon

Partiendo desde Nimes a Lyon en tren se llega en menos de 1h 30min. Un viaje que merece la pena porque Lyon es una ciudad espectacular, tanto, que forma parte de la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. 

Lo mejor es comenzar la visita por la parte alta, por la colina de La Fourvière. Allí se encuentra la basílica de Notre-Dame de Fourvière, cuyo origen se remonta al siglo XII y es emblema de la Lyon. Junto a ella, un interesante sitio arqueológico donde se pueden contemplar magníficos restos romanos. 

Después hay que visitar el Vieux Lyon, un precioso barrio medieval y renacentista y La Croix-Rousse, muy distinto, ya que se trata de un antiguo barrio industrial lleno de “traboules” o pasadizos. Para acabar, nada como pasear por Presqu'île, una península en la confluencia de los ríos Ródano y Saona llena de edificios elegantes y calles más que animadas. 

Y hay dos cosas más que no hay que perderse de Lyon. Una de ellas es la iluminación nocturna de sus edificios, que es maravillosa. Y si se viaja a la ciudad durante el Festival de las Luces, se podrán admirar espectáculos de formas y figuras sobre las fachadas. Lo segundo que no hay que perderse son sus tradicionales tabernas, donde se pueden probar las especialidades lyonesas y el buen vino de la zona. 

Ya lo has visto, el sur y el este de Francia son espectaculares ¡No hay excusa para no visitarlos! Y no solo porque el tren lleva con rapidez, sino también porque desde Barcelona hay varias conexiones diarias hacia estos destinos ¿A qué esperas?