La tradición de ferias y mercados

Hubo un tiempo en el que las ferias de Medina del Campo eran las más importantes de Europa. Nacieron a principios del siglo XV con el infante Fernando de Antequera, centrándose primero en el sector textil con un mercado de lana y el comercio de seda, encajes y bordados. Posteriormente, el mercado de libros impresos fue uno de los que tuvieron más peso.

Durante el siglo XVI también fue muy importante el comercio de obras de arte, siendo Medina del Campo uno de los puntos clave en la Península de distribución del arte proveniente de los Países Bajos, Alemania e Italia. Hasta aquí llegaban incluso refinadas piezas procedentes de las rutas del Galeón de Manila —un viaje desde Filipinas, pasando por Acapulco— o la Carrera de Indias. Algunas de estos objetos se exponen ahora en el museo de las Ferias.

No te puedes perder la visita a las Reales Carnicerías, el mercado más antiguo de España. Proyectado en 1500 por los Reyes Católicos para agrupar a los carniceros de la villa, no fue hasta 1562 que abrió sus puertas. Agustín Gallego y Rodrigo Gil de Hontañón fueron los arquitectos de este mercado de abastos a orillas del río Zapardiel.

De planta cuadrada, el edificio está dividido en tres naves. Los arcos interiores descansan sobre columnas de piedra de estilo toscano, por lo que se considera una obra de ingeniería civil renacentista. Lo más destacado de esta construcción de piedra y ladrillo son sus tres monumentales portones. En uno de ellos aparece el escudo de armas de Felipe II y Medina del Campo.

 

La huella de los Reyes Católicos

Gracias a las ferias comerciales esta localidad llegó a ser una de las más importantes de Castilla, llegando a contar con una población de 20 000 habitantes a finales del siglo XV. Fue en esos años cuando el rey Juan II de Castilla y su hijo Enrique IV ordenaron la construcción del Castillo de la Mota, que terminarían los Reyes Católicos en 1483.

Diseñado como fortaleza defensiva, este edificio ha tenido múltiples funciones a lo largo de la historia: fue archivo de la Corona, prisión de personajes ilustres como César Borgia, acogió a Juana la Loca, y desde 1940 funciona como centro de formación. Si no tienes vértigo te recomendamos las vistas desde la torre del Homenaje, con un mirador a unos 40 metros de altura. El castillo está a solo 13 minutos andando de la estación de tren de Medina del Campo.

La huella de los Reyes Católicos en la ciudad está muy presente. Aquí se conserva el Palacio Real Testamentario, donde Isabel la Católica redactó su testamento y falleció un 26 de noviembre de 1504. El edificio data del siglo XIII y fue la residencia real durante sus estancias en la villa. Ahora es un espacio museístico sobre la vida de este personaje histórico, con un par de salas dedicadas a su testamento y al codicilo, un apéndice del testamento.

 

Devoción, cine y vinos de Rueda

Además de su patrimonio histórico, Medina del Campo es conocida por las procesiones de disciplina de Semana Santa, de las más antiguas de España. San Vicente Ferrer fue el primero en recorrer sus calles en 1411 para conmemorar la Pasión de Cristo. Actualmente, son 16 los desfiles procesionales, que sacan unos 30 pasos con valiosos ejemplos de la imaginería renacentista castellana.

A parte de la Semana Santa, la ciudad vive otra celebración especial: la Semana del Cine de Medina del Campo. Con más de 30 años de historia, este festival cinematográfico se ha convertido en una de las plataformas de talento joven y de cortometrajes más importantes del país. Las actividades paralelas incluyen conciertos, exposiciones y conferencias de destacadas personalidades del cine español.

Esta es tierra de buenos vinos, nada menos que de los excelentes caldos de la denominación de origen Rueda, así que aprovecha tu estancia para hacer la Ruta de los Vinos de Rueda y visita las Bodegas Emina o Finca Las Caraballas. Si tu escapada es durante el mes de abril, procura que coincida con la feria de Enoturismo Ruta del Vino de Rueda, una oportunidad única de disfrutar de este vino blanco y platos tan típicos como el suculento lechazo asado al horno de leña.

Deja la pereza a un lado y planea tu próxima escapada en tren a Medina del Campo, una tierra para beber, comer y empaparse de historia.